EL NUEVO OFICIO DE ABUELO

Según el último informe del Imserso Las personas mayores en España 2008, más del 72% de los abuelos cuidan o han cuidado de sus nietos. Una situación común en nuestro país – sobre todo en los meses de verano- que puede ocasionar estrés y sobrecarga física y emocional en los mayores de la familia. Es lo que los expertos llaman el síndrome del abuelo esclavo. Suele suceder en personas que han suplido totalmente su anterior labor (trabajo, cuidado de los hijos…) con la nueva tarea de ser abuelos, sin tener la oportunidad de buscar otras inquietudes y motivaciones. La psicóloga y terapeuta familiar Cristina Llagostera considera que, para evitar llegar a este extremo, es importante respetar y escuchar la voz de los mayores, reconociendo su capacidad de decidir, por ejemplo, cuándo quieren o pueden tener a los nietos: “Lo primordial es que la labor de cuidado sea satisfactoria para el abuelo y no la sienta como algo impuesto. Si es necesario, deberá poner límites y pensar un poco más en sí mismo. Esto no significa ser egoísta, sino cuidarse para poder cuidar mejor”. Al mismo tiempo, existe hoy una creciente revalorización de la figura de los abuelos como influencia positiva y esencial en el desarrollo de los pequeños de la casa. Apoyada incluso por el recién electo Barack Obama, quien, poco después de convertirse en presidente de Estados Unidos, citó durante una entrevista a su suegra, Marian Robinson, como una pieza indispensable de la campaña que le llevó a la victoria. No en vano, ella se encargó de cuidar a sus hijas, Sasha y Malia, de 7 y 10 años, mientras el matrimonio Obama se sumergía de lleno en la apretada agenda de las elecciones. Sin su ayuda, ¡la política mundial podría estar ahora escribiendo una historia muy distinta! De ahí también que el primer presidente afroamericano anunciara que la madre de su esposa se mudaría con ellos a la Casa Blanca, remarcando el importante papel de esta primera abuela no sólo en la crianza de sus niñas, sino también en su bienestar psicológico, aportándoles una más que necesaria sensación de estabilidad. Palabras que, lejos de caer en saco roto, originaron en Estados Unidos un movimiento en torno al grandma power (poder de abuela) de Marian Robinson y en general de todos los abuelos del país. Precisamente, lo mismo que defienden Gemma Herráiz Segarra y María Gutiérrez Benítez, gerontólogas y autoras del libro Escuela de abuelos. Proyecto intergeneracional (Rústica, 2007), para quienes los abuelos son hoy más necesarios que nunca: “Hemos pasado de considerar a los abuelos como personas longevas, miradas entre deferencia y respeto, y que por su avanzada edad tenían mermadas sus funciones físicas y psíquicas, a verlos como personas activas, despiertas, formadas, con mayor calidad de vida y que llegan a convivir durante muchos años con sus nietos, además de ser una figura complementaria y fundamental en la educación de las generaciones más jóvenes”. En esta línea, una investigación realizada por la Asociación Americana de Psicología, publicada el pasado mes de febrero, afirmaba que los niños que pasan tiempo con sus abuelos presentan a la larga mejores habilidades sociales y menos problemas de comportamiento en la adolescencia, conclusiones que se hacían especialmente notorias en los casos de hijos de padres divorciados. “Es evidente que hoy en día la relación entre padres e hijos está expuesta a muchas situaciones inquietantes: rupturas matrimoniales, trueques y reajustes, familias resultantes de diversas uniones con hijos de varias procedencias, etcétera. Pese a todos estos cambios en la estructura familiar, hay uno que no se produce: el abuelo siempre será el abuelo pase lo que pase. Y es en este punto donde adquiere mayor importancia su papel”, añaden Gemma Herráiz y María Gutiérrez. Además de ser un referente sólido y no cambiante que confiere seguridad y estabilidad a los pequeños, los abuelos son también primordiales a la hora de transmitir determinados conocimientos: “A través de sus relatos, los niños aprenden la historia familiar, los valores y creencias que dan lugar al sentido de pertenencia. No hemos de olvidar que sentirse parte e incluido en una famioelia resulta un aspecto esencial para la identidad personal, pues proporciona confianza, apoyo y solidez”, comenta Cristina Llagostera. Pero los más jóvenes no son los únicos que sacan provecho de esta relación. El intercambio es positivo en ambas direcciones: para los abuelos, los nietos pueden suponer una estimulante inyección de alegría y novedad, aportando un nuevo sentido a su existencia, así como una oportunidad para sentirse útiles cuando deben abandonar antiguos papeles y tareas. La conexión con la novedad, por ende, favorece la autoestima y mejora la memoria, dando como resultado una mejor calidad de vida. Así las cosas, el papel de los abuelos está hoy lleno de matices, a medio camino entre la distancia (para evitar sentirse esclavizados) y la proximidad (su labor como conciliadores y coadyuvantes de la educación de los nietos). Dentro de este marco social tan complejo, los expertos han comprobado que la solución se encuentra en el aprendizaje intergeneracional, es decir, en la creación de espacios destinados a la relación entre generaciones y a su aprendizaje conjunto. Son las llamadas “escuelas de abuelos” que hoy proliferan en multitud de municipios españoles, impulsadas por los ayuntamientos en colaboración con distintas asociaciones. Su fin es ayudar a las personas mayores a adquirir conocimientos y habilidades que les permitan mejorar la relación con sus familiares, a entenderlos y hacerse entender, así como tomar conciencia de su valor a nivel social. Muchas de ellas, además, organizan talleres durante las vacaciones estivales a los que pueden acudir los abuelos con sus nietos y realizar una actividad en común. “Según la Organización Mundial de la Salud, así se salvan las diferencias generacionales, se mejora la transmisión de los valores culturales y se fomenta la valía de todas las edades. Los estudios confirman que los jóvenes que aprenden con sus abuelos adoptan actitudes más positivas y realistas respecto a las personas mayores”, añaden las gerontólogas Gemma Herráiz y María Gutiérrez. Aunque no ha sido en una de estas escuelas donde los abuelos y nietos de este artículo han conseguido establecer una relación única y enriquecedora, sí se puede decir que han comprobado en su propia piel las bondades que supone llevar a cabo una actividad conjunta. A través del deporte, la música, el arte o un juego, los ratos en compañía les han servido para conocerse mejor, aprender a comunicarse de tú a tú y, lo que es más importante, pasárselo bien. Son abuelos que han aplicado su particular fórmula para ejercer como tales y sentirse realizados al mismo tiempo, centrándose en el disfrute que supone compartir una afición y propiciando de este modo una envidiable complicidad. Dos generaciones que, pese a la evidente distancia que les separa, han descubierto tener mucho más en común de lo que podría parecer a simple vista. Hallazgo que tiene su explicación a nivel psicológico: “Abuelos y nietos son dos extremos que se encuentran. Ambos disponen de mayor libertad, tiempo y actitud abierta, por ello se suele producir un vínculo de gran empatía. Así, cualquier actividad compartida acaba siendo muy positiva para ambos. Los abuelos enseñan algo de su mundo a los nietos, y los nietos llevan a su terreno a los abuelos, abriéndoles nuevas posibilidades y experiencias”, apunta Cristina Llagostera. Liberados de las ataduras laborales, los abuelos entrevistados por ES han aprovechado para transmitir a los más pequeños su pasión por un tema en concreto, algo que, por falta de tiempo, no se produjo en su día con sus hijos. De la experiencia cuentan maravillas: los niños les modernizan, les ayudan a desconectar y, por encima de todo, les inundan de orgullo. Ysí, han hecho mucho de canguro, pero tener un hobby en común es otra cosa. Es una vía para que ellos también puedan hacer lo que más les gusta. Los nietos, a su vez, se sienten estimulados. Les mueven el afán de superación y la competitividad, quieren alcanzar el nivel de experiencia de sus maestros-abuelos, a quienes ven como los aliados perfectos para aprender cosas nuevas de forma divertida. Cierto será que se llevan muchos años, pero la diferencia de edad no ha sido en su caso un impedimento para desarrollar un interés común y acabar convirtiéndose en auténticos amigos.

Una respuesta

  1. Senyor Marcel.lí, de sempre he escoltat dir que res millor per la canalla que conviure amb els avis de tant en tant, és quelcom molt important per les famílies i en especial per els nens, m’ha agradat molt el seu escrit.

    Salutacions

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